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Divulgación Libros de asociados: Del monte de Apolo a la vid de Dioniso. Naturaleza, dioses y sociedad en la arquitectura teatral de la Grecia antigua (Autor: Juan A. Roche Cárcel).

Título: Del monte de Apolo a la vid de Dioniso. Naturaleza, dioses y sociedad en la arquitectura teatral de la Grecia antigua

Autor: Juan A. Roche Cárcel. (Prólogo de Carlos García Gual)

Tema: Se presenta un análisis hermenéutico de la arquitectura teatral de la Grecia Antigua, considerada como un documento social y cultural, como un microcosmos de su sociedad.

Año: 2017

Editorial: Anthropos

Sobre el libro:

Ubicada entre un entorno natural al que imita como si formara parte de su misma esencia y en el margen del plano urbano de la polis, la arquitectura teatral define la medida humana griega y formaliza en el espacio ideas e incluso emociones, pero sin los complejos matices de las palabras, de otra manera, con otro lenguaje, con otro sistema semiótico. Ante todo, cabe decir que un gran número de edificios conforman una arquitectura «minimalista», con formas casi mínimas e inacabadas, cuando no un tanto tosca, ruda o rústica, mientras que en otros domina una geometría armónica, como sucede en Aricanda, Siracusa, Mileto, Priene, Éfeso, Dodona, Dioniso de Atenas y, especialmente, Epidauro. En todo caso, la estructura arquitectónica ni es íntegramente terrenal ni celestial, ni cumplidamente terrestre ni marítima, ni completamente única ni diversa, ni totalmente cerrada ni abierta, ni plenamente horizontal ni vertical, ni meramente desnuda ni arropada profusamente con decoraciones, ni decididamente marcada por el idealismo ni por lo sensible y ni puramente geométrica ni orgánica. Además, su forma ni simboliza la rotunda jerarquía ni tampoco la igualdad en el pleno sentido de la palabra, ni encarna solamente a la aristocracia ni al dêmos, ni representa únicamente lo individual ni lo colectivo y ni es exclusivamente democrática ni tiránica. Así pues, la arquitectura teatral deviene «tragedia petrificada» y, por eso, no resulta de la manifestación de certezas absolutas, sino de la in-certidumbre, o dicho de otra manera, de la consciente expresión de las hondas contradicciones del alma humana. Sin embargo, nos llega también de los teatros griegos una energía activa y vibrante, en la medida en que llena el vacío y la nada del espacio y en tanto que sitúa en el corazón de la naturaleza un logos humano. Y, aunque puede parecer un pensamiento algo frágil ya que está inserto en la naturaleza y es deudor de ella, al mismo tiempo resulta poderoso en la medida en que lo llena de significado. Eso sí, de un sentido imbricado inseparablemente en el sin-sentido, pues está marcado por la incertidumbre, la duda, la contradicción, la paradoja, la ambivalencia y, en suma, por un pensamiento trágico y dialéctico que bascula entre el caos y el orden. Como si los teatros griegos estuvieran ubicados entre el mundo real –el caos oscuro– y el ideal –el orden perfecto–, como si el primero fuera intolerable y, el segundo, inalcanzable y como si el teatro fuera el hijo del abismo pero en lucha incesante contra él.